No hay que trabajar la tierra para sentirse campesina, y mucho menos estar asociada a la cooperativa para sentir por ella, asegura Sonia Escalona Alarcón, quien lleva más de una década apoyando a su esposo e hijos en el quehacer de la CCS Osvaldo Figueredo.
«Desde mil 980 vivo aquí con mi esposo Gonzalo. Tuvimos tres hijos, y los tres están dedicados a la labor del campo de alguna manera» cuenta mientras de reojo sigue un lote de patos que pasa por el patio.
«Desde el momento que me levanto es atendiendo a los animales, las gallinas, los puercos… barriendo patio, haciéndolo todo en la casa. Es mi trabajo, es de mucho sacrificio, porque el que trabaja con el estado tiene descanso y aquí no hay ninguna forma de descanso, es todo el tiempo pendiente de la casa y los animales» explica.
Sonia, reconoce que ya la edad y los achaques no le dan para hacer todo lo que hacía antes, ayudar a su esposo y sus hijos en la estancia, y trabajar casi a la par de ellos, ahora solo va de vez en cuando a llevarles alguna merienda, pero eso no quiere decir que no se sienta útil, ahí en la casa hace bastante.
Ella, aunque hace 40 años vive ahí en esa finca de los alrededores de Feijó, al noreste de Jobabo, no es integrante de la cooperativa, sin embargo, lleva más de una década ayudando en las tareas de la junta directiva, pues su esposo Gonzalo Leyva es el presidente.
«Antes hacia los papeles y era quien hacia las comidas para las actividades, me gustaba ese ambiente, ahora no se puede por la COVID-19, pero ya volveremos a tenerlas. Ese siempre ha sido mi aporte además de estar dispuesta para cualquier trabajo que se necesite en apoyo a mi familia y los vecinos» relata.
Sonia es una mujer de poco hablar, y se nota un poco asustada ante la cámara, aun así, su naturalidad de guajira empoderada se refleja a simple vista.