En esta sesión de la Asamblea Nacional se habló de la evasión fiscal, y yendo al asunto, desde la perspectiva municipal, uno de los principales negocios que evade el fisco (con permisibilidad institucional) es la venta de carnes de cerdo. Ganancias directas sin impuestos y precios altos, así anda la cuestión.
Sacando un simple cálculo en base a un carnicero (que es real pero prefiero mantener su nombre en anonimato para evitar malos entendidos), este declara que vende unas 100 libras en días alternos, es decir, 2000 libras al mes, que al precio actual de 300xlb equivale a 600 000 pesos.
De pagar impuestos, este vendedor aportaría mensualmente al presupuesto municipal 90 000 pesos si se acoge al régimen general. Teniendo en cuenta ese cálculo de venta para unos 10 vendedores estables que hay en Jobabo , y hablo de ese cálculo para no ir a los extremos porque se sabe que hay vendedores que venden diariamente uno o dos cerdos, estaríamos hablando de impuestos perdidos por valor de casi un millón al mes solo en ese negocio.
Volviendo al inicio, ¿Por qué los vendedores de carne de cerdo no pagan impuestos? Pues, por erróneas conceptualizaciones que desde la propia institucionalidad no acaban de aplicar una legislación que es muy clara en que: no hay actividades, ahora los cuentapropistas presentan proyectos de trabajo y los grupos facultados para ello aprueban o desaprueban.
Si al final, se vende carne de cerdo al libre albedrío, sin control y sin reglas, y el negocio está en ese dilema de “ilegal permitido” o “ilegal tolerado”, es hora de que alguien se percate cuánto dinero puede entrar a las arcas de los gobiernos municipales acabando de aprobar proyectos de trabajo para carnicerías (con sus debidas normas sanitarias).
Mientras no se apruebe algo que haga entrar por el entramado fiscal a los vendedores de carne de cerdo, seguiremos teniendo “evasión fiscal” autorizada institucionalmente. Lo ideal es que la carne bajara de precio para que estuviera accesible a la mayoría de la población, pero, igualmente baja, suba o se mantenga, los carniceros no pagan impuestos.